El nuevo director de la Escuela de Psicología Usach proyecta una gestión orientada a fortalecer la formación, articular la investigación y ampliar las áreas de desarrollo de la disciplina desde una mirada colectiva.
La relación del Dr. Rodrigo Rojas-Andrade con la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago comenzó en 2015, cuando se incorporó como docente mientras cursaba su Doctorado en Psicología en la Universidad de Chile. Desde entonces, su trayectoria se ha desarrollado principalmente en psicología comunitaria y educacional, con énfasis en salud mental, educación y ciencia de la implementación.
Hoy asume la dirección en un momento que considera relevante para proyectar el futuro de la unidad.
“Me gustaría que, al terminar este periodo, pudiéramos mirar hacia atrás y reconocer una Escuela que estuvo en movimiento. Una Escuela donde ocurrieron cosas, donde fuimos capaces de iniciar procesos, desarrollar proyectos, experimentar, aprender, equivocarnos cuando correspondiera y también reparar”, plantea.
Entre sus prioridades aparecen el fortalecimiento de la educación continua, nuevas posibilidades de especialización, una mayor expresión de la Psicología Social y de las intervenciones sociales, y el desarrollo de líneas vinculadas con investigación y ciencia abierta. También busca fortalecer el Centro de Atención Psicológica y la convivencia dentro de la comunidad.
“Una Escuela de Psicología también tiene que ser capaz de preguntarse cómo construye comunidad, cómo cuida a las personas y cómo aborda sus conflictos. No basta con intervenir cuando aparecen los problemas. También tenemos que generar condiciones para que las personas puedan estudiar, trabajar, enseñar e investigar en ambientes respetuosos y seguros”, señala.
En materia formativa, Rojas-Andrade identifica tres dimensiones inseparables: una base conceptual sólida, herramientas técnicas para evaluar e intervenir y capacidades relacionales para escuchar, dialogar y construir confianza. Esa formación, sostiene, debe dialogar con las ciencias sociales, las humanidades, la biología, las neurociencias y las artes.
Las transformaciones tecnológicas aparecen también entre los desafíos que deberá enfrentar la formación profesional.
“No podemos formar psicólogos para un mundo que ya no existe. La inteligencia artificial va a modificar la forma en que investigamos, enseñamos, evaluamos, diagnosticamos y probablemente también la manera en que intervenimos. Nuestro desafío no es simplemente incorporar tecnología, sino formar profesionales capaces de utilizarla críticamente, con criterio ético y manteniendo aquello que es propiamente humano en nuestra disciplina”, afirma.
La investigación constituye otro eje de la gestión. El director busca avanzar desde trayectorias individuales consolidadas hacia una mayor articulación institucional, generando espacios de colaboración y ampliando las posibilidades de participación. Entre las iniciativas proyectadas se encuentra un fondo de investigación dirigido a profesoras y profesores por hora.
“La pregunta de fondo es qué psicología necesita el país en los próximos años y qué podemos aportar nosotros desde una universidad pública. La investigación debería ayudarnos permanentemente a responder esa pregunta”, sostiene.
La experiencia de quienes estudian en la Escuela constituye otro componente de esa mirada.
“Me gustaría que nuestros estudiantes encuentren aquí oportunidades para descubrir qué tipo de profesionales quieren ser, que puedan explorar distintos caminos, participar en investigación, vincularse con comunidades y conocer otras formas de entender la psicología”, explica.
Esa aspiración resume el sentido que Rojas-Andrade busca imprimir a su periodo: fortalecer académicamente la Escuela sin perder su dimensión colectiva y construir, desde sus capacidades, una respuesta compartida sobre la psicología que la Universidad de Santiago quiere aportar al país.
Créditos:
Redacción: Alejandra Santibáñez I.
Fotografía: Alejandra Santibáñez I.
Edición: Luciano Guzmán N.