El programa, desarrollado en dos jornadas, abordó resolución de conflictos, regulación emocional, experiencia usuaria y enfoque de derechos con equipos clínicos y administrativos de la comuna.
Atender a niños, niñas y adolescentes en contextos de salud puede involucrar situaciones de alta complejidad clínica, emocional y relacional. Para fortalecer las herramientas de quienes enfrentan diariamente esas exigencias, la Unidad de Educación Continua de la Facultad de Humanidades desarrolló en la comuna de Las Cabras el curso “Manejo de Pacientes Pediátricos, Adolescentes y sus Familias Altamente Demandantes en Atenciones de Salud”.
La capacitación contempló 16 horas cronológicas distribuidas en dos jornadas y estuvo dirigida a personal clínico, técnico, administrativo y auxiliar que mantiene contacto directo con usuarios de los servicios de salud de la comuna.
El curso fue dictado por las psicólogas Catherine Escobar García y Constanza Baeza Fuentes, profesionales de Educación Continua FAHU, bajo la dirección del Dr. Manuel Rubio Manríquez, académico del Departamento de Lingüística y Literatura.
A partir de su experiencia con equipos asistenciales, ambas profesionales abordaron las tensiones que pueden surgir en contextos marcados por listas de espera, escasez de especialistas, sobrecarga laboral e incertidumbre para las familias, condiciones que en Las Cabras se cruzan además con las particularidades de un territorio rural.
“Por eso en el curso buscamos justamente ampliar la mirada: pasar de pensar en ‘un paciente o una familia difícil’ a comprender qué está ocurriendo en esa relación, qué necesidades hay detrás de determinadas conductas y qué aspectos sí podemos modificar desde nuestro rol”, explicaron.
Estructurado en cinco módulos, el programa comenzó con el análisis de factores asociados a atenciones de alta demanda, entre ellos enfermedades crónicas o graves, estrés socioeconómico, dinámicas familiares y las distintas etapas del desarrollo de niños, niñas y adolescentes.
La formación avanzó luego hacia la conceptualización del conflicto y sus puntos de escalada, incorporando herramientas de comunicación asertiva, empatía y escucha activa. Los módulos finales trabajaron mediante análisis de casos y dinámicas grupales aspectos vinculados con la experiencia usuaria, el trato digno, la relación asistencial horizontal y el enfoque de derechos.
La capacitación incorporó además un eje de inteligencia emocional y autocuidado, con estrategias de autorregulación y herramientas para enfrentar situaciones posteriores a episodios de alta carga emocional, considerando no solo el bienestar de las y los usuarios, sino también el desgaste que estos escenarios pueden producir en los propios equipos.
La actividad se desarrolló directamente en el CESFAM de Las Cabras, evitando trasladar la experiencia formativa a Santiago y situando el trabajo en el mismo espacio donde las y los participantes enfrentan cotidianamente estas situaciones.
“No se trata solamente de llevar conocimientos desde Santiago hacia otros territorios, sino de generar espacios de encuentro donde la experiencia de quienes trabajan diariamente con esas comunidades también construya conocimiento”, explicó Baeza.
El programa recogió además principios asociados al trato digno, la participación de niños, niñas y adolescentes y el enfoque de derechos, junto con necesidades detectadas en materia de resolución colaborativa de conflictos y regulación emocional dentro de los equipos asistenciales.
Al proyectar el sentido de las herramientas trabajadas durante las dos jornadas, Escobar y Baeza pusieron el foco en la experiencia que reciben las propias familias.
“Esperamos que las familias, aun cuando el sistema no pueda resolver inmediatamente todo lo que necesitan, noten que existe disposición a acompañar, orientar y buscar alternativas, especialmente ante la necesidad de atención de sus hijos e hijas”, afirmaron.
La experiencia en Las Cabras permitió así conectar la formación continua con problemas concretos del trabajo asistencial, incorporando tanto herramientas técnicas como dimensiones emocionales y relacionales. Desde esa perspectiva, la capacitación no apuntó únicamente a intervenir frente al conflicto una vez que ocurre, sino también a fortalecer capacidades para comprenderlo, prevenir su escalada y construir relaciones de atención más cuidadosas entre equipos, pacientes y familias.
Créditos:
Redacción: Bruno Pimentel P.
Fotografía: Cedida.
Edición: Luciano Guzmán N.