El artículo de la Decana de la Facultad de Humanidades, Dra. Cristina Moyano Barahona, y del Dr. Rolando Álvarez Vallejos, ambos académicos del Departamento de Historia, examina cómo libros, ensayos y colecciones editoriales intentaron interpretar e incidir en el debate público abierto tras la revuelta social de 2019.
¿Por qué sigue siendo tan difícil cerrar históricamente el 18 de octubre de 2019? ¿Qué papel pueden desempeñar los libros, las ideas y la producción intelectual en medio de una crisis social? ¿Y qué se juega políticamente cuando distintos sectores hablan de “estallido”, “revuelta”, “rebelión” o “protesta social” para referirse a un mismo acontecimiento?
Estas son algunas de las preguntas que aborda el artículo “Escrituras urgentes sobre la revuelta social en Chile. 2019-2022: las colecciones 18 de Octubre de LOM y Libros para la Contingencia de Pehuén en la disputa por el tiempo presente”, publicado en la revista História (São Paulo) y desarrollado por la historiadora y decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile, Dra. Cristina Moyano Barahona, junto al director del Doctorado en Historia Usach Dr. Rolando Álvarez Vallejos.
La investigación analiza un fenómeno particular surgido al calor de la revuelta social: la aparición de un conjunto de libros y ensayos publicados en plena contingencia con el propósito no solo de comprender lo que estaba ocurriendo, sino también de intervenir en la discusión pública sobre su significado y proyección futura.
Para la Dra. Moyano, uno de los aspectos centrales del estudio es comprender por qué el 18-O continúa siendo un acontecimiento abierto.
“El 18-O no opera solo como un hecho fechado, sino como un acontecimiento temporalmente abierto: reordenó la relación entre experiencia y expectativa, desplazando un presente administrado por la gradualidad transicional hacia un presente cargado de futuro, promesas y disputas. Su cierre es difícil porque sus efectos no se agotaron en la protesta ni en el ciclo constitucional; siguen activos en la pugna por determinar si aquello fue anomalía, ruptura, crisis de legitimidad, fracaso institucional o apertura democratizadora”, explica la académica.
Desde esa perspectiva, el artículo examina las colecciones 18 de Octubre de Editorial LOM y Libros para la Contingencia de Editorial Pehuén, entendiéndolas como expresiones de lo que los autores denominan “escrituras urgentes”: textos producidos en simultaneidad con los acontecimientos, cuando aún no existían consensos sobre su interpretación histórica.
Más que simples publicaciones, estas obras fueron concebidas como herramientas para intervenir en el debate político e intelectual.
“Una colección editorial selecciona problemas, jerarquiza causas, visibiliza actores, produce categorías y ofrece horizontes normativos. En ese sentido, el libro no es solo soporte de ideas, sino dispositivo material de intervención: circula, convoca, articula redes entre intelectuales, movimientos sociales, editoriales y lectores”, señala Moyano.
La investigación muestra que estas escrituras operaron simultáneamente como producción de conocimiento, ejercicio de interpretación y propuesta política, disputando activamente los sentidos asociados a la revuelta social y al proceso constituyente que le siguió.
En ese escenario, el lenguaje adquirió una relevancia central. Una de las tesis del artículo sostiene que la forma de nombrar lo ocurrido tiene consecuencias políticas concretas.
“Nombrar no es un gesto descriptivo neutro: es fijar causalidades, distribuir responsabilidades, definir legitimidades y anticipar respuestas institucionales. ‘Protesta social’ puede reducir el fenómeno a demanda sectorial; ‘estallido’ enfatiza irrupción e imprevisibilidad; ‘revuelta’ sugiere desobediencia colectiva y desborde del orden; ‘rebelión’ intensifica su carácter destituyente. Cada nombre organiza un campo de interpretación y habilita distintos cursos de acción”, plantea la Decana.
A juicio de los autores, estas narrativas también permiten observar tensiones que venían acumulándose desde el retorno a la democracia y que encontraron una expresión visible durante la crisis iniciada en 2019.
“Las colecciones de LOM y Pehuén mostraron que la transición no había cerrado sus conflictos constitutivos, sino que los había administrado mediante lenguajes de gobernabilidad, consenso y gradualismo. Por eso estas escrituras no solo diagnosticaron malestar: intentaron convertirlo en horizonte político, articulando crítica estructural, inscripción afectiva y propuesta de futuro”, sostiene Moyano.
Aunque el escenario político posterior estuvo marcado por el rechazo de la propuesta constitucional y por la reaparición de discursos centrados en la seguridad, el orden y la estabilidad, la investigación plantea que estas producciones intelectuales conservan un valor que trasciende su impacto inmediato.
“Su importancia no debe medirse solo por su capacidad de traducirse en victoria política. Su densidad reside en haber sedimentado un archivo crítico para futuras genealogías del pensamiento político chileno: conservan los lenguajes, demandas y posibilidades que la coyuntura posterior intentó clausurar”, afirma la historiadora.
En esa línea, la académica agrega que estas narrativas continúan cumpliendo una función relevante para comprender el presente.
“En el Chile actual, estas narrativas funcionan como reserva conceptual frente a la normalización: recuerdan que disputar el orden también implica disputar el tiempo, es decir, qué pasado se hereda, qué presente se legitima y qué futuro permanece imaginable”, concluye.
Más allá del análisis específico de las colecciones editoriales estudiadas, el trabajo de Moyano y Álvarez aporta una reflexión más amplia sobre el papel de la producción intelectual en contextos de crisis y sobre las formas en que las sociedades construyen sentido respecto de acontecimientos que todavía siguen abiertos a la interpretación histórica.
Créditos:
Redacción: Luciano Guzmán N.
Fotografías: Rosario Poblete P./Luciano Guzmán N.
Edición: Luciano Guzmán N.