La historiadora argentina Dra. Valeria Manzano dialogó con la decana de la FAHU, Dra. Cristina Moyano Barahona, y el académico Dr. Víctor Muñoz Tamayo sobre el sandinismo, las culturas de izquierda y el tránsito desde la revolución hacia la resistencia entre 1979 y 1991.
La Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile realizó el lunes 20 de julio el conversatorio sobre el libro La última ilusión: La crisis de la revolución en América Latina, 1979–1991, de la historiadora Dra. Valeria Manzano, profesora de Historia en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín e investigadora del CONICET, Argentina.
Desarrollada en modalidad online, la actividad fue organizada junto con la Universidad Católica Silva Henríquez, en el marco del proyecto Fondecyt Regular N.º 1230241, dedicado a la historia contemporánea de la juventud militante. La conversación fue comentada por la Dra. Cristina Moyano Barahona, decana de la Facultad de Humanidades Usach, y el Dr. Víctor Muñoz Tamayo, académico del Centro de Investigación en Sociedad y Juventudes de la Universidad Católica Silva Henríquez.
Durante su presentación, Manzano explicó que la investigación surgió al observar cómo, pese a sus diferencias, distintas juventudes políticas argentinas sostuvieron durante la década de 1980 un compromiso común con la Revolución Sandinista. Esa constatación la llevó a estudiar a escala latinoamericana cómo Nicaragua se convirtió en un punto de encuentro para sectores políticos, intelectuales y culturales diversos.
“Una de las hipótesis del ensayo es que la causa sandinista funcionó como un cemento que dio cierta unidad a una cultura política de izquierdas profundamente heterogénea. Nicaragua permitía proyectar una articulación entre revolución y democracia, pluralismo político, movimientos sociales, antiimperialismo y políticas culturales”, explicó.
La autora planteó que el sandinismo fue observado desde distintos lugares como una experiencia “caleidoscópica”, sobre la cual convergieron expectativas provenientes de tradiciones marxistas, cristianas, nacionalistas y revolucionarias. Su apertura inicial al pluralismo político y religioso, la participación de mujeres y jóvenes y la presencia de intelectuales y artistas en su proyección internacional contribuyeron a que la experiencia trascendiera las fronteras nicaragüenses.
Figuras como Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes participaron de una red de solidaridad que se expresó en publicaciones, viajes, encuentros y producciones culturales. Para Manzano, esta circulación permite comprender que la historia política de las izquierdas no se construye únicamente a través de partidos, programas y dirigentes, sino también mediante canciones, revistas, imágenes, afectos y comunidades de pertenencia.
El periodo abordado por la obra comienza con el triunfo de la Revolución Sandinista en 1979 y concluye en los años marcados por su derrota electoral, el término de la Unión Soviética y la consolidación de un nuevo vocabulario político. En este tránsito, sostuvo la investigadora, la revolución perdió progresivamente su lugar como horizonte de futuro, mientras la resistencia frente al neoliberalismo adquiría centralidad.
“La derrota electoral del sandinismo se experimentó afectivamente de una manera mucho más contundente que la caída del Muro de Berlín o la disolución de la Unión Soviética. La experiencia nicaragüense tenía una carga subjetiva y emocional muy fuerte: produjo una sensación de dolor, pérdida y desamparo para las izquierdas latinoamericanas”, afirmó.
En sus comentarios, la Dra. Cristina Moyano destacó que uno de los principales aportes de la obra consiste en evitar una lectura retrospectiva que presente la desaparición del horizonte revolucionario como un resultado inevitable del avance de la democracia.
“El libro no se limita a identificar cuándo terminó una época política, sino que se pregunta cómo ese final fue percibido, nombrado, discutido y experimentado por quienes participaban de las culturas de izquierda. Su contribución más sustantiva está en convertir la crisis de la revolución en un problema historiográfico”, señaló.
La decana agregó que el texto permite restituir la densidad política de una década frecuentemente reducida a las transiciones democráticas y al comienzo de la expansión neoliberal. Desde esta perspectiva, la crisis no constituye solo una sucesión de derrotas electorales o transformaciones institucionales, sino también un cambio en las formas de imaginar el tiempo y proyectar futuros colectivos.
“Los futuros también tienen historia: nacen, circulan, movilizan, pierden credibilidad y, en ocasiones, sobreviven como memoria o como nostalgia. Comprender el final de una ilusión requiere tomar en serio aquello que alguna vez hizo posible creer en ella”, enfatizó.
Por su parte, el Dr. Víctor Muñoz recordó el impacto que tuvo en Chile la derrota electoral del sandinismo en 1990, ocurrida mientras el país comenzaba su propia transición luego del triunfo del No en el plebiscito de 1988. Esa simultaneidad, explicó, generó profundas contradicciones en las culturas políticas de izquierda.
“En Chile veníamos de ganarle una elección a Pinochet y, al mismo tiempo, la revolución sandinista caía por los votos. Había una sensación de no saber qué hacer con Nicaragua ni cómo situarla en el imaginario político. Ese desconcierto fue mucho más potente que la caída del Muro de Berlín”, sostuvo.
El académico recordó que, durante una visita de Daniel Ortega a Santiago, parte del público coreaba “Ortega, Ortega, las armas no se entregan”, expresión que reflejaba las tensiones entre la valoración de la democracia electoral, la permanencia de la épica revolucionaria y la incertidumbre que atravesaba a las izquierdas frente a un escenario internacional en transformación.
El espacio de conversación contó con una activa participación de estudiantes de Pedagogía en Historia, quienes consultaron por la selección y articulación de las fuentes, los silencios presentes en los archivos, las razones del rápido desplazamiento de algunas memorias revolucionarias y el uso de la música para reconstruir las sensibilidades políticas del periodo.
Manzano explicó que su investigación combinó revistas político-culturales, testimonios, archivos, conmemoraciones, literatura y canciones. Más que considerar estas últimas como una ambientación secundaria, propuso comprenderlas como elementos capaces de producir identificación, solidaridad y sentidos compartidos.
“Las canciones son más que una banda sonora: ayudan a crear comunidades afectivas. Para seleccionar las que aparecen en el ensayo escuché cerca de doscientas. Investigar supone consultar mucho más de lo que finalmente se muestra y preguntarse también por las voces ausentes y por aquellas que lograron volverse más audibles”, explicó.
Las preguntas también abordaron las enseñanzas que estas experiencias ofrecen a las nuevas generaciones y la posibilidad de construir horizontes colectivos en el presente. Al respecto, la investigadora sostuvo que uno de los problemas actuales no radica en la inexistencia de culturas políticas de izquierda, sino en la dificultad para articular una experiencia compartida con capacidad de movilización.
“Hoy existe una cultura de izquierda, pero le está faltando una causa: una experiencia capaz de articular actores y perspectivas diferentes, producir compromiso y generar una adhesión con capacidad movilizadora”, reflexionó.
La jornada permitió vincular investigación, debate historiográfico y formación de estudiantes, reafirmando que la producción del conocimiento histórico también se fortalece mediante el diálogo con quienes investigan y la discusión colectiva de sus decisiones conceptuales y metodológicas. La publicación presentada forma parte de una investigación más amplia y se encuentra disponible en acceso abierto a través de la colección de CALAS y la Universidad de Guadalajara.
Créditos:
Redacción: Luciano Guzmán N.
Fotografías: Comunicaciones FAHU.
Edición: Luciano Guzmán N.