14 Jul 2026 / Noticias / Departamento de Historia, Facultad de Humanidades, VIME /
Mario Garcés: “La historia se hace más democrática cuando deja de ser monopolio de las élites y del Estado”

En el marco de su candidatura al Premio Nacional de Historia 2026, el académico del Departamento de Historia reflexiona sobre memoria popular, vivienda, movimientos sociales y los desafíos públicos de la historiografía chilena.

El Dr. Mario Garcés es una de las figuras centrales de la historiografía social chilena. Su obra ha contribuido a desplazar el foco de la historia nacional hacia pobladores, trabajadores, organizaciones comunitarias, movimientos sociales y memorias populares, articulando investigación académica, historia oral y trabajo situado con comunidades. Su candidatura al Premio Nacional de Historia 2026, respaldada por el Departamento de Historia y el Consejo de Facultad de la FAHU, abre una conversación sobre el lugar público de la historia y sobre los sujetos que han construido Chile desde sus territorios.

Profesor, ¿cómo ha vivido esta candidatura al Premio Nacional de Historia?

“Me tiene muy movilizado porque ha sido muy grato. Me ha saludado mucha gente, me han llamado, me llegan WhatsApp. El valor del reconocimiento entre profesores, estudiantes, amigos, organizaciones sociales, me ha tenido muy contento, muy halagado y también muy conmovido”.

Buena parte de su obra ha puesto en el centro a pobladores, trabajadores, organizaciones sociales y memorias populares. ¿Qué cambia en la historia de Chile cuando esos sujetos pasan a ser protagonistas?

“La historia se hace más democrática, deja de ser monopolio de las élites y del Estado. Creo que lo que yo he hecho, y muchos otros historiadores hemos hecho en los últimos años, ha sido justamente abrir el campo y reconocer la historicidad de una diversidad de grupos sociales, particularmente de grupos populares”.

¿Cómo se fue formando esa mirada?

“En mi caso, esto tiene una historia: es el aprendizaje que hago después del golpe de Estado… Me vinculé con trabajos de la Iglesia Católica en los barrios, con las vicarías zonales, especialmente la zona poniente. Me pidieron participar en actividades de la Pastoral Juvenil, de comunidades cristianas de base. Y lo que percibí ahí eran, básicamente, preguntas a la historia. Preguntas que surgían desde la propia base social y desde la memoria de los sujetos populares: por qué nos ocurrió esto, qué nos pasó, cuánto va a durar, qué efectos va a tener sobre la sociedad”.

¿Hay alguna experiencia concreta que le haya permitido comprender esa dimensión histórica?

“Cuando estaba haciendo mi tesis doctoral, entrevisté a una señora de Villa Francia que me contó su vida. El relato empezaba en el conventillo, por la calle San Pablo; después con su madre, viviendo en una casa de acogida para mujeres que tenía la Iglesia Católica por los años cincuenta; luego arrendando con dificultad; y finalmente, después de una toma de sitios, termina viviendo en Villa Francia.

Para mí fue muy impresionante esa entrevista, porque el relato empieza en el conventillo y, cuando estamos terminando, me doy cuenta de que estábamos sentados en el living de su casa, tomando un café, en una casa en forma, completa. Y dije: bueno, esta es la historia que tengo que hacer, de esto tengo que ocuparme.

En esa entrevista tuve una especie de epifanía. Dije: de esto se trata, esta es la historia que tengo que trabajar. De ahí también viene el título de mi libro, Tomando su sitio, porque una de las estrategias del mundo popular de Santiago fue ocupar sitio. Pero la toma de sitio era también una forma de toma de posición en la ciudad. Era más que la vivienda; era realidad cultural, vida social, otro lugar en la ciudad”.

En ese sentido, la vivienda aparece no solo como una demanda social, sino también como una forma de producir ciudad, organización y ciudadanía. Frente a la actual crisis habitacional, ¿qué lecciones entrega esa historia para pensar el vínculo entre Estado, políticas públicas y participación social?

“Una vez, una estudiante de Historia que venía de la población Violeta Parra me dijo: ‘En su libro aparece nuestra población’. Ella se lo comentó a su mamá, y su mamá dijo: ‘Bueno, entonces hay que invitar a las vecinas y vamos a conversar’. Nos juntamos, leímos esa parte del libro, y lo que sentían su mamá y sus vecinas era que ellas eran parte de la historia.

Para mí, esa experiencia fue un halago enorme. Sentí que si eso ocurre, si más de alguna persona ha sentido que mi trabajo ha servido para reconocerse y sentirse parte de esta sociedad, la misión está cumplida. De eso se trata: reconocerse con historia. Esas cosas, de repente, uno no las busca, pero llegan y se dan esas conexiones genuinas”.

En sus investigaciones sobre el movimiento de pobladores, la vivienda aparece no solo como una demanda social, sino también como una forma de producir ciudad, organización y ciudadanía. Frente a la actual crisis habitacional, esa historia parece mostrar que el problema no se reduce únicamente a déficit de viviendas, sino también a cómo el Estado se relaciona con las comunidades y sus formas de participación…

“El problema de la vivienda en Chile ha sido permanente y expresa una gran dificultad del Estado para prever cómo van creciendo y reconfigurándose las necesidades habitacionales. Recuerdo los años noventa, cuando hubo cierto optimismo en la clase política, que anunciaba el fin de los campamentos y la resolución de los problemas de vivienda. Y nada. Llegamos a 2010, 2020, y hemos vuelto a cifras semejantes de miles de personas que carecen de vivienda”.

“Yo creo que acá el tema fundamental es el déficit democrático, el déficit de participación social. La transición se hace relegando a un segundo plano al mundo de las organizaciones sociales y privilegiando a los partidos políticos, las instituciones y el Estado. Entonces, creo que Chile adolece de una suerte de estatismo que ha marcado su historia, que inevitablemente es elitista y oligárquico y, por lo tanto, excluye o pone en segundo plano a la mayoría de la sociedad”.

¿Qué exige investigar memoria e historia reciente con comunidades?

“Hay que entender que uno no puede invadir un barrio. Uno no llega bajando en paracaídas. Al barrio se llega estableciendo vínculos con las propias organizaciones comunitarias.

En el caso de mi investigación en La Legua, llegué en 1998 por invitación de Mariano Puga, que estaba de párroco ahí. Él me invitó a conversar sobre el impacto de la droga y el tráfico, que era un tema poco trabajado para mí. Mi primera respuesta fue decirle: está bien, Mariano, pero necesitamos reunirnos con las comunidades.

Entonces se organizó un encuentro con las comunidades de la propia Iglesia en La Legua, y desde ahí fuimos reuniéndonos con distintos grupos, estableciendo vínculos con la comunidad y también con una red de organizaciones sociales de la población. Con ellos hicimos un camino.

Ese primer trabajo, a propósito del impacto de la droga, derivó en algo que la propia comunidad planteó como necesidad: formación de dirigentes sociales, capacitación y reforzamiento de las redes preexistentes. Pasamos los primeros dos años trabajando en ese campo.

Después de ese proceso que tomó casi dos años, cuando ya nos conocíamos y habíamos generado confianza, me hizo mucho sentido indagar sobre el impacto de la represión. En la medida en que conocía la experiencia de la población, de las organizaciones y de sus dirigentes, me daba cuenta de que había una memoria del golpe y de la dictadura muy relevante. Entonces les propuse hacer un nuevo proyecto, una indagación de otro tipo, y ahí empezamos a trabajar en ello en profundidad”.

Pensando en las nuevas generaciones, ¿cuál cree usted que es la responsabilidad de quienes se forman en historia?

“Creo que uno de los desafíos mayores es no despolitizarse. ¿Qué quiero decir con esto? Que sus preguntas, su producción de saberes, debe ser capaz de seguir dialogando con la sociedad. No puede estar separada. No puede ser solo una palanca de desarrollo personal o profesional”.

“Historia y memoria tienen que ser pensadas y vividas en una fuerte imbricación con la sociedad. Hay que estar vinculado. Ese es, probablemente, el desafío principal”.

Créditos:
Redacción:
 Luciano Guzmán N.
Fotografía: Comunicaciones FAHU
Edición: Luciano Guzmán N.