Columna de académico de Departamento de Filosofía, Mg. Martín de la Ravanal: “Una convención constitucional para el pasado, el presente y el futuro como solución crisis”

El profesor de Filosofía analizó la convención constitucional, el 18 de octubre y las demandas sociales que se visualizan en nuestro país.

 

El académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile, Mg. Martín de la Ravanal se refiere a la convención constitucional y a las demandas sociales que provienen del estallido social del 18 de octubre.

Junto al profesor del Instituto de Derecho Público de la Universidad Austral, Pablo Soto, reflexionaron en su columna de El Desconcierto, sobre las crisis profundas y nuestro sistema de creencias como factor, a la hora de hacernos cargo de la realidad: “Habitualmente, se considera la crisis como un estado de parálisis e indecisión, poco propicio para actuar. Sin embargo, el sentido original de esta palabra es, precisamente, el de “decisión”. Las crisis profundas evidencian que nuestros sistemas de creencias y de acción no dan el ancho para tratar y hacernos cargo de la realidad. Esto es lo que ha sucedido desde hace varios años en nuestro país: el régimen de las soluciones privadas para los problemas públicos dejó de ser el marco de comprensión estable que regía las relaciones sociales, puesto que esa manera de “gestionar” la existencia humana ha producido un conjunto de desigualdades que se volvieron intolerables para muchas y muchos chilenos”, indicaron.

En relación a la actitud del gobierno ante las demandas ciudadanas, los académicos señalaron: “Ante el malestar expresado multitudinariamente como protesta callejera, el gobierno respondió con un lenguaje guerrero-policial obsesionado con el orden público, incapaz de escuchar y tomar el peso a las demandas, confirmando el fracaso de una política cada vez más endogámica y desconectada de la ciudadanía. Evidencia terrible de lo que afirmamos fueron los atropellos a los derechos humanos, las víctimas de mutilaciones oculares por perdigones policiales, y los manifestantes privados aún de libertad sin claridad sobre su destino. Esto no es una manera de decidir una crisis: no es posible apelar a la normalidad del país cuando justamente esa normalidad es la que estalló.”

“Por supuesto, no se sale de una crisis sin decisión, pero la comprensión y la voluntad requieren un tiempo para aquilatarse. Así, una crisis tiene un periodo de incubación, un brote o estallido, y un estado febril de confusión que finalmente decanta en un juicio sobre el futuro y las posibles vías de solución. Justamente, estamos en ese momento desde la instalación de la Convención Constitucional, órgano escogido por la ciudadanía para generar un nuevo modelo de comprensión de las relaciones sociales e institucionales en el Estado de Chile.”

Respecto al diseño de la convención constitucional, indicaron que esta se relaciona con pensar sobre el futuro, presente y pasado: “La Convención Constitucional está idealmente diseñada para pensar el futuro, pero inicia su trabajo en medio de una urgencia que exige decisiones también hacia el pasado y el presente. Esto hace de la Convención una institución inserta en un contexto social —en una realidad— en que a las personas les resulta difícil esperar que se solucionen las injusticias permanentes en el largo plazo: la paciencia se acabó con el estallido del 18 de octubre, lo cual fue confirmado por la configuración con la que quedó la Convención luego de la elección de los constituyentes. Esto significa que la situación obligará a la política institucional a trabajar en varios tiempos y con varias velocidades simultáneamente.”

“Lo anterior implica, en primer lugar, que existe una expectativa sobre la Convención para que esta resuelva o repare un pasado que fue diseñado sin la participación efectiva de las mayorías ni de las minorías postergadas, lo cual dio lugar a una larga deuda de reconocimiento moral, cívico y jurídico, de grupos sistemáticamente humillados y excluidos de un estatus de igualdad: pueblos originarios, mujeres, trabajadores, pobres en general, etc. En segundo lugar, la nueva Constitución no sólo es la Carta Fundamental de la próxima generación, sino la de los chilenos vivos hoy con sus problemáticas actuales, por ejemplo, referidas al elevado costo y a la mala calidad de vida, a la escasez de recursos naturales esenciales, falta de acceso a sistemas eficientes de salud o transporte, etc.”

“La mayor conciencia del presente y del pulso de la vida cotidiana se debe —cómo no— a la pandemia y a sus efectos sobre la situación económica de los hogares, la salud, y las libertades de las y los ciudadanos. El virus no hizo más que reforzar y amplificar la desprotección, incertidumbre e inseguridad con la que muchos conviven hace tiempo, situación que contrasta con la de los grupos que concentran el capital económico, social y cultural. Hoy, la mayoría ya tiene conciencia de que el “sálvate solo” de nuestro capitalismo local, maquillado de meritocracia, emprendimiento, competitividad y hedonismo consumista, no es un dispositivo que permita vivir el día a día y exige un cambio en tiempo real, no una promesa de largo plazo.”

Para salir de la crisis actual y trabajar de mejor manera dentro de la convención, ambos sostienen que el diálogo entre el órgano constituyente y el congreso es muy importante: “En este contexto de expectativas sobre el pasado, el presente y el futuro en el cual debe trabajar la Convención, se requieren varias decisiones para salir de la crisis. En primer lugar, y en el mejor de los casos, deberá producirse un diálogo entre el órgano constituyente y el resto de la institucionalidad vigente (en especial, el Poder Ejecutivo y el Congreso), con tal de que se generen cambios perceptibles por la ciudadanía. Esto, lejos de ser una intervención jurídica indebida en las funciones de otros poderes por parte de la Convención, significa, sencillamente, reconocer la naturaleza política del nuevo órgano constituyente. No resistirse a la conversación entre la Convención y los otros órganos estatales es un aporte a la descompresión del malestar, y constituye una manera de descargar a las y los convencionales del trabajo de solucionar el presente y el pasado. En todo caso, esto no puede hacerse sin una amplia participación y atenta vigilancia de la ciudadanía, sumada a la mayor transparencia y probidad del trabajo de la Convención”

 

Puedes revisar la columna completa, aquí: bit.ly/3hSadO0